martes, 24 de enero de 2012

Capítulos XV al XIX




XV
 Y las conversaciones de los demás lo regresaban a la realidad.  - Sebastián explícanos mejor tú cómo se prepara la bromagirita para las películas fotográficas. 
- Bueno, según lo que he leído, también se usa para las placas y los papeles fotográficos. Gran cantidad de nuestro mineral llamado también bromita… - ¿Bromita?  - Sí, bromita, como chistecito.  La bromita es la fuente del bromuro de plata que la industria fotográfica necesita para preparar emulsiones.  Éstas están compuestas por glóbulos acuosos de bromuro de plata dispersos en un mar continuo de gelatina. - ¿De zapote negro? - De gelatina de gel. - Oye, ya que estamos de broma. ¿Para qué le echan la emulsión de Scott? - La emulsión, güey, es la mezcla que se logra cuando se presentan las condiciones, necesarias… - …Y su-fi-ci-en-teees.
Corearon los demás.
- …para dos substancias que no se mezclarían de manera espontánea.  - Es como lo que logra la guarida de Shona y George con todos los que nos reunimos aquí.  - ¡Exacto! Substancias como el agua y el aceite..., ya saben aquello de que un par de tetas…- Perdón por lo de par. - …logran reunir, y mezclar agua con ácidos grasos, proteínas, y claro su salecita para el sabor.  Y voilà le lait.  La emulsión de emulsiones, la leche, la latte, para los mamones mamíferos…  Pero, ya me desvié, hablaba de la gelatina, esa sustancia espesa y translúcida que se observa en el caldo de pollo cuando se saca del refrigerador… - ¡Ya párale! ¿Quieres? Ya te estoy viendo ahora que venga la señora De La Garza para saber de la calidad de la bromita de exportación y las posibilidades de que en México se prepare la emulsión  ¿A poco vas a decirle eso?  - Si te parece puedo adornar la cosa diciéndole que la ultimísima edición de la USA Pharmacopea salió en enero de mil novecientos sesenta y cinco, no tiene ni siete meses.  Bueno pues sostiene que la gelatina es un producto obtenido por hidrólisis parcial de la colágena contenida en la piel, tejidos conjuntivos blancos o huesos de animales. - Más o menos así nada más que en English, you know? - No va a entender ni madres.  - ¿Ya ves? Mejor déjame presentar lo que yo quiera.  Además de que la garcita está de mi vuelo, bueno de mi misma edad, y presiento que nos entenderemos bien. - ¿De tu misma edad? brincos dieras, debe tener por lo menos veinticinco años.  Pero ten cuidado no vayas a aburrirla sin obtener ningún beneficio.  Date cuenta que hasta ahora no has dicho prácticamente nada sobre las aplicaciones en fotografía.    
Al finalizar el dialogo anterior Beto me comentó al oído con aquel tono muy suyo: - ¿Habéis escuchado al rapaz? Esa frasecilla “presiento que nos entenderemos bien” me causó pena ajena.  ¿Por qué mentir de esa manera? Casi todos los que ahora mismo nos encontramos reunidos sabemos que entre julio y agosto del año pasado este chaval anduvo enfatuado del alma y la pepa de la joven señora.   
Estos diálogos cuyos detalles me fui inventando surgen de la esencia del relato de Genaro escuchado a medias y entendido mucho menos.  A pesar de andar en ayunas hice un recuento inicial: La joven garcita era digna de ser considerada importante en la búsqueda; Cuyo apellido de casada era De la Garza; Que no conocía su nombre; que a sus veinticinco años por lo menos uno había sido dedicado en parte a relacionarse con el tal Sebastián; que estaba real o aparentemente interesada en invertir.  De regreso y antes de poner un pie adentro de la casa me inventé un final de capítulo:
Y el español al notar la cercanía de terceros cortó de tajo: - ¡Entérate! Mi tiempo contigo lo uso para lo mío, no para hablar de los demás, joder.  Si queréis saber más con relación a ella preguntadle al legionario, él es su confesor, o ¿No?  
Tras mi puerta contemplé una charola con huevos rancheros y café que reposaba sobre la cama, único lugar disponible para no perturbar la poquísima privacidad de la familia.  Junto a la charola me dejaron dos notitas.  En una aclaraban que el gallo despertador era un Rodaila o si no un Niucastle; en la otra escribieron el nombre y la manera de localizar a la persona que ellos creían sabía.  Quebrar el ayuno de esta forma me reanimó ayudada por el café bien negro que todavía estaba suficientemente caliente como para resaltar el estrago que en las papilas me dejaba el ácido cápsico de la salsa de chile de árbol.
Todavía estaba por verse si las entrevistas habrían de servir para algo. Tomarían un buen de tiempo.  Mi conciencia solidaria presionó la ele mayúscula de Los Dolientes, y una voz amiga me contestó, desde algún lugar del DeFe, sin esperar la pregunta « Si hablamos a nombre del Estado Fallido todo va a toda madre.  Si no, la cosa se complica, pues ya empezaron a putearnos más o menos fuerte.  Lo están haciendo aparecer como accidentes por alguna razón.  Tengo que colgar.  Habla cuando tengas algo que aportar. »  De castigo me aventé una cucharada de peltre rellena de salsa.  Hay que cumplir con lo que a cada quien le corresponde.  Me sonrieron desde una hamaca de seda arácnida.
A estas horas, aquello de que en el tercer milenio las orillas del centro están revueltas con las metrópolis de la periferia, se materializó en las callecitas repletas de comerciantes intermediarios de los intermediarios de joyería, de vendedores ambulantes, turistas de todos los aspectos, policías con cara de hambreados.  Todos luchando por avanzar entre vehículos chatarra nueva cuatro por cuatro y chatarra vieja.  Como sea llegué, vi, y entrevisté chismeando.     
- Pos sí, ¿Qué le vamos a hacer?  En nuestro querido Taxco, me refiero al municipio, de todo se da.  Yo soy de mero Tlamacazapa, casi no van los curas.  Pero en esa temporadita de la qui li hablo, ahora li hablo de Taxco, la ciudad, hasta teníamos curas que pensaban, comían y confesaban diferente.  Las que éramos probes nos acomodábamos bien con el padre Genaro, que aunque de pueblo rascuachi bien que sabía de la vida y no se asustaba porque anduviéramos yendo a rezarles a los dioses de Xochicalco por la Epifanía de Rubén Jaramillo.
- Si, figúrese que cuando él era joven se tuvo quir pa Chilapa.  








XVI
Antes de continuar con el peregrinaje me pasé al mercado a comprar fruta para compartir con las señoras de la barranquita y endulzar la entrevista.  Pero vaya si valió la pena escucharlas.
- ¡Imagínese! Todos decían quel padre Betito, con todo y su carita de españolito y como de pedernal mal cortado, tenía un chorro de amigos que dizque eran comunistas y ateos…
- Era tan bueno, echaba una misa requete bonita y a luego se veía que era mucho más léido quel jilguerito…
- Al otro, a ese no se le podía acercar una, ni tantito.
- El otro como que’ra muy alzado y créido.  Siempre iba a todos lados en coche manque era el más joven y juerte de los tres.
- Y los anillotes que usaba...
- Ese jalaba sólo pa con los dueños de hoteles y del mercado negro de la plata juerte.  La que se va pa todo el mundo.  De seguro hubiera sido confesor del Gobernador Caballero Aburto, pero ese ni se confesaba.
- Sólo con ellos comía, y dicían que odiaba a los estudiantes, cuantimás si eran probes, como nosotras...manque si hay que reconocerle quera el único dellos que apoyaba las fiestas de la Semana mayor.  Era el más devoto.
Desde mi celular un bebé se carcajeaba para avisarme que había mensaje para mí.  « Ke la ñora de las medallas t v en 5 n pozole s.v.p.»  Apachurré el cigarro a medias contra la corcholata de Pascual Boing disculpándome por tener que irme.  Insistí en que volveríamos a vernos muy pronto y que nuestra plática no podía quedar…  
- ¿Troncha? troncha sí quedó.  Porque falta contarle cuando se me salió decirle al padrecito Genaro que este pueblo es un desmadre.  Perdóneme, pero así es, le dije.  Y ya encarrerada le acompleté. Mire que imponerle asté, o sea al padre Genaro, a que lo vengan a dizque ayudar dos sacerdotes desos de los raros.  Y que me respinga el padrecito - ¿Raros? ¿Pero, cómo te atreves muchacha? - Pero ya se lo contaré en detalle, porque no sería toda la verdad decir que sólo me conformé con -  No, padre, no digo que sean putos, sino que son de los que no han estado en otro templo de por aquí antes, o de otrs pueblos en México.  Ni tampoco es completamente cierto que mi comadre se haya quedado corta - La Coma tiene razón Padre. – Se entrometió mi comadre - Fíjese que aunque asté no nos lo ha dicho sabemos que uno quesque fue misionero en Asia, que estuvo muy metido con los indios de China.  Y qui‘ora nada más anda platicando y trueque y trueque libros con los estudiantes y con los gringos, esos que casi nunca se bañan. Mientras qu’el otro presume de su educación en el Vaticano y otros países europeos.  Sólo confiesa a las ricachonas, aunque eso sí, con perdón d’asté es muy guapo. Pero mejor arrímese por acá con más tiempo.
Y esperando no equivocarme me dirigí al comedero bautizado El Crisol por Genaro.  Si no lo hizo él merecía haberlo hecho.
La “de las medallas” me pidió la llamara Ana María mientras me iba arrimando los ingredientes poco a poco como calándome si era conocedora o no.  Primero el epazote y la lechuga cortada finamente, en seguida empujó las rodajas de rábano y el chile piquín.  Me le adelanté al estirarme para jalar una canastita rebosante de huevos. Amplió su sonrisa al verme romper el cascarón en el borde del plato y vaciarlo crudo sobre el ardiente y casi listo pozole.  Mejor dígame Anita, así me dicen mis amigas, me sugirió, mientras me veía agregar dos trocitos de sardina enlatada.  Nos miramos a los ojos para decir ‘Esto es un pozole’.  Cuando empezaba a explicarme que era poseedora de un secreto ajeno su hermoso tic en forma de sonrisa acompañada de campanitas me distrajo un poco.  Después inferí que se sentía liberada al contarme lo que presenció cuando niña como aprendiz de su abuela.
- ¿Asté nació aquí mesmo en Taxco? ¿otiyol,   otitlacat? – preguntó su abuela para distraer a la parturienta. - Sí, Igual que ésta, y para acabarla ¡Mujeres! - Güeno, güeno, doña.  Págueme manque sean veinte pesos, ya qui le salió niña, pues, sí, yo le cobraría sólo quince... Pero me dio mucho trabajo, mucho más que muchos machos guerrerenses.  A lueguito se ve que va ser terca, meca y cabroncita, ¡cómo se oponía a que le ayudara yo a nacer! pero fue niña pues. 
Anita y su sonrisa dejaron de comer para remontarse al Taxco de entonces y de arriba.  Allá entre las casitas se volvió a ver junto a su abuela que recogía una por una sus cosas de comadrona con la meticulosidad de quien sabe el valor de sus herramientas de trabajo.  Después de tener listos los diferentes itacates se enfrascó en organizarlos dentro de un canasto.  Con el rebozo logró armar un gran itacate que se le adaptaba adecuadamente debajo del brazo izquierdo y a la mayor parte de la espalda, dándole gran movilidad.  Con satisfacción removió la hermosa pieza de cristales minerales verde olivo de bromagirita que estaba junto a la figurita de porcelana barata de la Virgen María para tomar el dinero.  Se cobraba su saber promover parto con dolor, y se cobraba también siete horas de cansancio.  Dando traspiés, la comadrona se dirigió a la puerta sabiendo que la niña le pisaba los talones.  Salieron musitando Otiyol, otitlacat. La criatura lo repetía, una y otra vez, no quedándole claro si era a modo de exorcismo u otra forma de pintar su raya.  El viento dominical impulsado por un sol todavía tibio llenó sus pulmones.  Sin importarle si su aprendiz comprendía el significado de sus palabras la abuela le insistía que su mente estaba atormentada por la idea de que Taxco era una panza eternamente preñada, una gran olla donde se cocinaban toda clase de menjurjes.  Tenía miedo de que el comercio de plata, la gente, los artesanos, Sta. Prisca, la pobreza, la riqueza y el pecado rasguñaran sus paredes hasta la fractura final. No intentó quitarle el miedo que crecía en la niña al ver que la abuela se alejaba cada vez más del camino a la choza.  Lo que ésta deseaba era descender por donde llegara más pronto al mercado. 
- ¿Cómo le va? Mire nada más la cara que trai.  No me diga que ésta es la Ana María, pero si ya mero es una mujercita.
- Vengo pa’desayunarme un cafecito chorreado con un tlacoyo de haba antes dirme a dormir.  Sí, me anda ayudando mientras aprende, déle otro a ella.
- ¿Dormir? si son las ocho pasadas ¿Pos, dónde anduvo? ¿Así mero ta güeno su café comadre, o se me pasó la mano?
- Ah, bien sabroso que está.  ¿De ónde se lo tráin?
- ¿El café? Pos con el Turco aquí abajito, ¿ónde más iba ser?
- El café no.  Hablo del chinguere.
- Ay, comadre.  No le vaya asté a decir a naiden, pero es licor de nanchi hecho con alcohol purísimo, que nos venden los estudiantes.  Pero, ¿no me diga que se pasó la noche luchando con la muerte de alguien?
- Luchando sí, pero con la vida comadrita. Luchaba y luchaba la hembrita, comadre, pequeñita y flaquita como rana, mustia como ella sola, de seguro de grande va’ser puta o monja.
- ¿Monja? ¿Pero…con quién se jué asté a meter’ora?
- No me vaya a cobrar más caro el tlacoyo, pero me persigné rebién sin que yo anduviera inventando urgencias ni rompiendo barrigas.  Más bien me sosprendieron a mí cuando me pagaron por dejar a medias y desatendido el temascal ayer en la tarde.  Pero lo que desde’l principio me llamó muncho la atención jue’que me haigan llamado ca’l doctor De La Garza.  Afigúrese, a mí, la mejor rinconera de la competencia.
- ¿Ca´l doctor De La Garza?  No sea asté habladora comadre, ora sí le voy a cobrar el doble por mentirosa.  ¿Qué cree que no sé que los doitores no sólo curan sino que también train escuincles al mundo?
- Pos pa que se lo sepa, el tal doctor De La Garza lleva harto que ni está en su casa. 
- ¿Pos ónde andará ‘ste que ni en el nacimiento de su primer hija estuvo presente?
- Juera. ¿Qué más se puede esperar de’l?  Dicen quesque se casó por carta por no poder.  No, si a lueguito cuando la vi ayer en su cama la reconocí.  Hace como cinco meses ella llegó conmigo solita y su alma a consultarme.  Ya estaba bien panzona pero todavía la perreaban los machos.  No le digo que desde el principio era clarito que se entendían ella y el chamaco que la acompañaba quesque su primo de la capital.
- ¿Pos no que solita y su alma?  Ya´stá asté peda comadre.
- Es un decir de quél marido no se apresentó con ella.  Créamelo, si mientras yo me preparaba del otro lado de la cortina él la ayudó a quitarse el calzón y a abrirle las piernas para cuando yo llegara.  Todavía el muy mosquita muerta me preguntó dónde podía esperar a su prima.  Lo hizo pa confundirme de lo que ya no supe si escuché o no.  Pero, comadre le juro asté que en mi cabeza todavía oigo ansí como si fuera ahorita mesmo como la voz della qui li ordenaba, “Saca la mano que ni creas ques tuyo”.
Sus dos sonrisas resplandecieron aún más para subrayar que eso era todo.  Sólo que para mí era muchísimo pues.         
Tratamos de despedirnos infructuosamente y se ofreció a caminar conmigo rumbo a la pensionsita.  Tal vez ella quería saber las reflexiones que ya luchaban dentro de mí pero la convencí de intercambiar información sobre cómo localizarnos en caso necesario.  
 Al llegar el portón estaba abierto.  Entré.  Anita se siguió como si tal cosa.


















XVII
Las sedas, que acogían tanto vigas como cielo raso, me saludaron abanicando.  Hasta ese momento descubrí lo íntimamente ligados que estaban entre sí La Mujer de la arena, conocedora de trampas y destinos, y los personajes que empezaban a hospedarse en Carroña’s Hotel, ligados por el velo de la señora araña que mostraba cuán avezada era en lecturas.  Dejé los secretos de Monteverde y Kôbô Abe entre sus páginas, y le devolví su lugar a Genaro como narrador inédito.       
Sabes bien que soy sensible a la belleza que, más que evocarla, prefiero contemplarla en su plenitud.  Pues ahora la evoco como en ese entonces tuve que evocarla, empero pude…No me hagas caso, lo digo por lo que alcancé a escuchar antes de que me hicieran pasar a la recámara.   - Mírela, ¡Qué linda! con qué ganas le chupa la chi chi. - Sosiégate muchacha, y haz pasar al padre Genaro. – Ordenaba mientras rápidamente, sin pensar en la bebé, separó a ésta de su regazo y se dirigió a mí.  - ¡Adelante Padre! Está usted en su casa ¿Ya notó lo bonito que llora m’hija? le hace como pajarita, canta que te canta, cantando...
- Lástima que su marido no esté aquí... - Pero bueno, no vaya usted a pensar mal de él.  Trabaja tanto para mantener a su familia.  ¿Se da usted cuenta de que prácticamente todos sus pacientes los tiene si no en Monterrey, en la ciudad de México?  - No me lo tome a mal pero se trata de su primera hija y debería… - La verdad es que calculó los nueve meses a partir del dieciséis de agosto del año pasado, que es cuando pensamos que me preñó.  - Bueno él sabrá como médico que es, ¿verdá?... entonces, él estima que el nacimiento va a ocurrir en mayo… - El quince de mayo…y espera que sea niño.  - ¿Y si hubiese sido sietemesina? ¿Su marido ya estaría aquí? - En marzo.  Habría nacido el diecisiete de marzo.  Es una locura, el día no se puede calcular.  Claro, que ya estaría aquí con nosotras.  Habló los primeros días de marzo para saber cómo iba. Ah, pero no, ésta tenía que hacer su regalada gana, y venir a nacer el once de abril.  Lo bueno es que mi criaturita se salvó de llamarse Luchamesina De La Garza. - Pos sí, un poquito antes y nace en la Semana Mayor...  - Dios me proteja… perdón, me acabo de acordar de alguien que a lo mejor usted conoce.  Va usted a creer, Padre, q’este Fulgencio…¿Lo conoce?  - ¿El guapo, pero menso?  - Ese mero, pues prometió que esta vez sí sería de los encapuchados del Viernes Santo; que purgaría sus pecados más que ningún otro de los penitentes.  - ¿Y lo hizo?  - Quién sabe si se atrevió, yo creo que no.  - ¡Válgame Dios! Mire qué pálida se puso; se le va a ir la leche para la niña.  - No me pasa nada, estoy bien. - No se crea lo que la gente ande diciendo por ahí.  Yo mismo les he repetido una y mil veces que los pecados deben evitarse más que castigarse.
Te quiero aclarar que esta conversación estuvo muy cerca de efectuarse bajo confesión, y aunque ya no soy creyente mejor la dejamos así.  No sé si ahora se practique la confesión por Messenger pero Sebastián y yo teníamos una broma local ¿Así se dice? Bueno como sea, llamábamos metafóricamente confesionario a la combinación entre mi profano apartamento y el lugar que Sebastián en su papel de ‘confesando’ escogía para efectuar las llamadas telefónicas. Puedo asegurarte que en la ocasión en que se me impuso la Fe sobre todas las cosas me asaltó la Duda; frente a la esperanza en el advenimiento de un mundo de justicia lo único que vi fue la Nada.  Sólo el amor, el amor, me permitió aceptar la intercomunicación con el confesionario del diablo.  Sebastián había escogido para hacer su confesión las famosas casetas rojas de Inglaterra.  Frente a la Fe me asalta la Duda.  Frente a la Esperanza veo la Nada.  En el amor siento el Amor.
Genaro me revelaba que Sebastián era el padre de la niña, y  que toda esta historia me servía para… dos cosas.  Me despabiló el eco de una caricia.  La…estaba callada, y seguía sin apodo definitivo, empero Isolda no le venía del todo mal.  Probé, y la Internet se desplegó sin limitaciones.  Repasé mis correos, los ponderé, los reacomodé sin contestar.  Puse a las arañas a buscar y me trajeron millones de posibles respuestas.  Con más cuidado las envié de nuevo, y aunque necias trajeron más de trescientas mil, lo que me interesaba estaba en el cuarto y quinto lugar.  Apenas me quedaban los minutos suficientes para enmochilarme, pagar mi estancia a la señora de la casa, jalar al hijo, besarlo con largura, y largarme hacia Santa Prisca para treparme al autobús, junto a turistas franceses y belgas, que pronto partiría rumbo a las grutas de Caca, de donde pensaba trasladarme en pollero a Chilapa.  Me sentí muy belga.  La Ágata Poirot de los Dolientes.  ¡A gata, qué belga eres! Mas no tanto, más bien lejos, aunque pensándolo mejor sí soy bien chingona, la compu se llamará ¡Ágata! ¡Ágata, guey, sí guey!



























XVIII
Tardé un buen en percatarme que las conversaciones a mi alrededor mostraban que los destinos turísticos eran Xochicalco y el DeFe.  Tras confirmarlo con el chofer, me refresqué la mente con el relato tropical del más chido del Averno hasta llegar a las pirámides.  Me disponía a ejercitar mi oído con un francesito que rasguñaba los treinta, pero el chauffeur me jaló apartándome del grupo, y de mi posible presa, para mostrarme algo en un mapa cuyo Norte apuntaba al Sur.  Antes de que le reclamara nada, se disculpó a nombre de Los Dolientes y los transportes chilangos por cambiarme de autobús.  Quitándose los lentes oscuros se presentó muy orgulloso como uno de los primeros Cuarenta Hombros listos para el apoyo solidario en Carretera y Callejones, los CHCC.  Mientras su encantadora mirada me cortejaba sin dificultad, su carnosa boca me comunicaba que los muchachos pensaban que era mejor que no regresara a la ciudad de México, por ahora.  Sin replicar, me trepé al autobús para recuperar mi equipaje.  En el estribo lancé la mochila al aire para que la atrapara mi contacto, de nuevo con lentes oscuros, quien, parando la trompita, hizo un ademán taurino lento y muy amplio que dio paso a un taxi viejo y muy jodido.  Decepcionada, le di dos nalgadas al matador que decidí no terminarlas en apretón.  La efímera tentación la apagó por completo el lastimero crujido que lanzó la puerta del cochecito cuando la abrió para mí ¡el de los dos aromas! ¡mi exmarido! ..no era, pero bien que se le parecía el puto fantasma.
-¡Maileidi? Su taxi de la flotilla del Palacio de Cortés la llevará a donde usted quiera – expresión que me transportó a las películas inglesas donde lo pedísimo no les quita lo decente, pero emitida por un cincuentón de gran bigote con una camiseta que gritaba Schingatumahc.
Como cada vez me alejo más de la pinche tendencia a disculparme y si son cosas que se me ocurren y no salen de mi hermosa cabeza, con mayor razón, puedo aceptar que no me acababa de acomodar en el taxi cuando el apodo El Cónsul para este hombre se impuso como se me impuso el consistente tufo etílico transportándome por una cuerda espacio temporal al territorio virtual de Cuauhnahuac, que se deja observar y recorrer por un diplomático inglés alcohólico, antihéroe de la novela Bajo el Volcán.
- Buenas tardes Cónsul.  Quiero un trago de lo que traiga, comer lo más pronto que se pueda, y le aviso que voy a fumar durante todo el camino a Chilapa, que es a donde sí tengo que ir, pero sin detenernos en Chilpancingo por lo que más quiera.
- «netehuiliztle huan nezetiliztle de to nochti, ti-mo-tehuianim itlampa ze bandera»  Clarito me quedó que el nahuatl de Tlaxcala no era mi fuerte.      






















XIX
¡Asiste hoy martes a la tercera concentración del novenario contestatario por la muerte de Genaro G.G! Sus amigos, allegados, y vecinos quienes vamos creciendo exponencialmente hemos decidido seguir velándolo en varios lugares simultáneamente, a saber: La maloliente Morgue; En la calle Río Amazonas donde periódicamente se marcha entre las calles paralelas con mítines relámpago frente a edificios federales; En Taxco, Guerrero frente a Santa Prisca.  Ciudadano el velorio recalentado y pacífico continúa creciendo.  ¡Reclama junto con todos el cuerpo de Genaro! ¡Ejerce el derecho universal a la fraternidad! ¡No a la fosa común y corriente! ¡Sí a la sepultura comunal! ¡Todos somos parientes! Los Dolientes.   Y los Polen Necios, y los de La Ronde des obstinée  
La estrategia detrás de la gran batalla contra el narcotráfico consistía en que ésta debía de mostrarse en toda su magnitud ante la ciudadanía, ningún otro acontecimiento debiese opacarla y mucho menos un asunto de índole tan pedestre como el reclamo anómalo de un cadáver sin parientes por parte de cincuenta o sesenta ‘amigos’. 
Las autoridades federales decidieron minimizar, y de ser posible destruir, la demostración de paciencia y terquedad que Los Dolientes mantenían desde unos días para acá.    
Un día antes de que la tercera concentración tuviera lugar, ocurrieron incidentes a distintas horas, y en varias partes de la ciudad.  Incidentes que la monotonía citadina se tragó como botana barata, pero cuyas consecuencias no se les escaparon a griegos ni a troyanos.  El eslabón más espectacular de la cadena de incidentes tuvo lugar en La Morgue Federal y sus alrededores.  El operativo debería pasar prácticamente desapercibido cosa sólo posible a través de una celebración patriótica, con banda musical, bandera, podium, festejantes y autoridades militares y civiles.  La táctica sería que el festejo opacara, o más bien que se tragara, al reclamo de Los Dolientes.  Dos, o más, patriotas por cada doliente en marcaje estrecho.  Sin dejar de sonreír, cada quien con su cada cual, los rodearían, y en la acción, llamada ‘Cristal’, el plantón se rompería en tres grandes grupos; uno, se movería directamente hacia el frente, al mismo tiempo que las rejas del establecimiento se abrirían, con diligencia y prontitud; los otros grupos se desplazarían, jubilosos, a diestra y siniestra, para ocupar los autobuses de propios y extraños que se encontrasen en el lugar.  En caso de resistencia serán sometidos pistola en mano.
El plan no podía fallar, pero falló.  El camión de redilas, trasportando la mesa modular que serviría de podium, no llegó; el coronel, en año sabático, responsable de coordinar todo el operativo, fue relevado de esta responsabilidad a última hora, y el celular del sustituto fue invadido por una oleada de interferencia, mientras el primero le compartía los detalles tácticos relevantes; los miembros de la banda de guerra fueron avisados a dos cuadras del lugar que la camioneta que traía todos los instrumentos musicales era arrastrada por una grúa hacia alguno de los corralones de la ciudad; los vestidos para los agentes femeninos encargadas de distribuirse entre el público jubiloso nunca llegaron a los cuarteles; las pistolas, calibre no restringido, nunca se distribuyeron, y las cajas con las balas, si llegaron, pero eran de otro calibre, y quien las recibió no sabía el destino de las mismas; los dos camiones de escuela privada, que transportarían a parte de los efectivos vestidos de civil, quedaron atrapados en un tapón de varias madres de familia a bordo de cuatro-por-cuatro a las cinco cuadras de haber salido; las llaves de las cerraduras y candados se trabaron al intentar abrir las rejas de las instalaciones; del lado de Los Dolientes algún pleito interno los dividió a tal grado de que los pocos que llegaron a las guardias de la mañana, llegaron tarde y reagrupándose por separado, aquí los mochos con sus sirios y rosarios, allá los viejos comecuras, acullá tres periodistas ligando turistas que se bajaron de un autobús que decía Pirámides.  Esto me pareció sacado de las aventuras de mi madre amiga, conocida por sus cuates como Fantasiluchadeclasesla manera como hago sentido de la realidad es separando los granos buenos de maíz de los que caen dentro de la seudoconcreción, y por si no lo sabes, estoy parafraseando al Cosicas
En un restaurante – bar de la colonia San Rafael, unos borrachos sacaron del baño a un chavo todo madreado, llevaba un cubrebocas empapado en sangre. Los borrachos se identificaron como ‘los-tres-alegres-compadres, amantes de la birria original y el respeto al pueblo, no en general, sino en concreto’, y mostrando al chavo aclararon que “Somos un trío de gays, esta mierda sangrante no es gay, sino un pinche puto lumpenputo secuestrador telefónico”, y lo tiraron a la lateral del circuito.  Antes de partir aclararon que, además de todo, eran parte de Los dolientes que exigían a las autoridades el cuerpo de Don GG.  No se sabe si esto hubo quien lo escuchó de verdad o fue inventado para registro de los periodistas de a pie.  Se dice que cuando los supuestos beodos desaparecieron, los de la cruz extrajeron pedazos de celular de la garganta del muchacho que alcanzó a decir que le sacaran, “porque yo soy todo, menos gay”, otro celular que le habían metido más allá del recto.  Camino al Rubén Leñero entre escupitajos de sangre decía “¡Está vibrando! ¡Está…! Vi…br..a…ndo” cada tres o cuatro minutos.
En el parque de Los Venados, en la Vértiz Narvarte se invitaba a la gente a participar en una ceremonia fúnebre, con la intención de  enterrar pajaritos muertos de muerte desconocida, lo mismo que huevitos rotos que habían caído de sus nidos.  Se aclaraba que se desconocía la existencia de parientes tanto de aves como de huevos.  La gente, principalmente niños, se fue acercando al lugar destinado al entierro.  Cuando el número fue suficiente aparecieron varios individuos cargando hieleras.  Uno de ellos avisó que se esperaba que entregaran al Jilguerito para poder enterrarlo.  Mientras tanto, las aves y huevos muertos se conservarían en las hieleras.  Todo el mundo fue invitado a la tercera sesión del novenario del velorio recalentado que tendría lugar al día siguiente en Río Amazonas a una cuadra de Reforma.
Entre el ir y venir de las personas que a diario concurren en las diferentes Centrales de autobuses foráneos de la zona metropolitana, se empezó a destacar un grupo de repartidores de volantes.  Su proceder con los transeúntes era tan peculiar que muy pocos rechazaban el papel.  Se les invitaba de manera gratuita a participar en un evento ecuménico en Santa Prisca de Taxco, Guerrero. La salida sería a las 7 de la mañana del día siguiente, y no habría rechazo para quien quisiera cooperar para el diesel de los camiones.
Ya entrada la nochecita en las cercanías de la Cuahutemoc algunas personas notaron que las bellas flores blancas sembradas en ciertos lugares del Paseo de la Reforma desaparecían a intervalos; asimismo ocurrió un poco más tarde en dos de las suites de la funeraria cercana donde los adormilados dolientes apenas y notaron que sus coronas y arreglos desaparecieron de a poquito a poquito.  Y como en el universo nada se crea ni se destruye sólo se transforma así las coronas, los arreglos florales, y muchos, muchos ramos de flores fueron apareciendo durante la madrugada del martes frente a la Morgue Federal; frente al 74 de Río Amazonas; frente a Santa Prisca, en Taxco.  Lugares donde a lo largo del día hubo reclamos y llamados al respeto a la propiedad comunal, discursos de madres de todas las edades que habían adoptado a Genaro respaldados por pancartas «todos somos parientes dolientes», por rezos fúnebres ecuménicos donde se agruparon los de la Santa Muerte, los católicos, parte del arco iris cristiano, judíos y musulmanes, en total, como unos ocho o nueve que si no eran muchos sí rezaban devota y fuertemente, y a intervalos imprecisos declaraban que lo devoto no quitaba lo valiente que serían los primeros de enfrentarse a las fuerzas represoras de este mundo.  Se avisaba que lo que estaba ocurriendo ahí, se repetía en otros dos lugares más, que el velorio era contestón y libertino, que las flores y coronas se debían al grupo también doliente que empieza a conocerse como los Polen Necios.  Se avisaba, también, de una declaración de apoyo, desde el otro lado del Océano Atlántico, de parte de La Ronde des obstinés, profesores que rechazaban las reformas unilaterales a la Educación Francesa de Sarkozy, respaldaban el derecho universal a la fraternidad, y asimismo, se declaraban parientes muy cercanos de Genaro.  No acaban de darse los avisos cuando ya se coreaba a viva voz «Lo queremos velar en ataúd y en casa».  Los demás «Gobierno no la f…ederal, entréganos a nuestro carnal»  «¡No a la fosa común y corriente! ¡Sí a la sepultura comunal!» «¡Todos somos parientes!» Hubo distribución de comida, taxis para quien quisiera salir, de la policía nadie dio razón aunque se dijo que andaban muy ocupados venciendo despiadadamente al narcosistema.  Así las cosas.



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