me hallé en Ítaca
a un tejedor de ideas antes deshilachadas, al tejerlas se hacían posibles, esperanzadoras,
cercanas y legendarias. De noche entretejía
zarapes y rebozos, no para mercar, sino de los que se escogen para el diario
trajín.
Lectora-en-travesía.
No a la profecía
vislumbrada por uno para todos. Sí a las utopías que todos soñamos para todos.
Consigna
altermundista.
« Tranquila. Tú
a lo tuyo, nosotros a lo nuestro, y los demás a lo demás.» La red roja.
Un muerto, es
una cosa, pero especialísima ¿Y dos?
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